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Observatorio de la Infancia en Andalucía y Adolescencia de Andalucía
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IX Foro Andaluz de la Infancia

Entrevista a Juan Antonio Marcos Sierra

Coordinador Técnico del Área de Servicios Personales. Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. Sevilla

¿Cómo intervienen los servicios sociales municipales en el ámbito familiar para abordar las situaciones de riesgo o maltrato a la infancia y adolescencia?

Los Ayuntamientos tienen competencias en el desarrollo de actuaciones de prevención, información y reinserción social en materia de menores, así como en la detección de situaciones de desprotección y la intervención en los casos que se requieran en el propio medio. Además, son competentes para apreciar, intervenir y aplicar las medidas oportunas en las situaciones de riesgo.

Todo el desarrollo normativo ha permitido igualmente configurar los circuitos de entrada y derivación de estos casos, otorgando especial importancia a las redes de atención primaria (sanitaria, educativa y social), en las que habitualmente se realiza la detección precoz.

Los Servicios Sociales Comunitarios, a través de los Servicios de Información, Valoración y Orientación o de Convivencia y Reinserción Social, desarrollan las primeras valoraciones determinando, en su caso, el pronóstico inicial y las actuaciones a seguir, en estrecha coordinación con el Servicio de Protección de Menores de la Junta de Andalucía.

La experiencia acumulada en estos años ha señalado la importancia de este proceso de valoración y de derivación a los Equipos de Tratamiento Familiar (E.T.F.) de aquellas familias susceptibles de intervención y con posibilidad de preservar al menor en su medio.

La intervención de estos equipos es un abordaje interdisciplinar (social, educativo y psicológico) que trabaja a nivel individual, familiar, de pareja, trigeneracional, que persigue el objetivo final de potenciar los factores de protección y eliminar o disminuir los factores de riesgo de estas familias, para evitar la salida del menor de la familia y propiciar, en su caso, el proceso de reunificación.

El trabajo a nivel local en estos años se ha orientado también en la línea de la prevención y de la promoción del bienestar de los menores y su calidad de vida. Fruto de este trabajo ha resultado la aprobación del Plan Local sobre la Infancia, el Consejo de la Infancia, El Programa de Ciudades Amigas de la Infancia o las propias Comisiones de Absentismo Escolar.

 

¿Qué ha supuesto la creación de los Equipos de Tratamiento Familiar en la Comunidad Andaluza?

La configuración del Programa de Tratamiento a Familias con menores ha permitido la creación de equipos técnicos interdisciplinares que se han integrado orgánica y funcionalmente en la estructura de Servicios Sociales Comunitarios, y que han permitido configurar el Sistema de Atención a la Infancia, en estrecha coordinación con otros sistemas (educativo, sanitario, judicial, etc.).

Desde su puesta en marcha, la incorporación de los profesionales de los E.T.F. ha supuesto una descarga del trabajo que se había venido realizando en los servicios sociales municipales, permitiendo, con el trabajo coordinado de ambos equipos, ofrecer a las familias una atención más específica y continuada.

Paralelamente, todo el desarrollo normativo ha permitido la distribución de competencias de las corporaciones locales y comunidad autónoma, además de facilitar los mecanismos de coordinación entre ambas.

 

¿Con qué dificultades se encuentran los profesionales de estos servicios para detectar y clasificar la presencia de riesgo y maltrato infantil?

A la hora de detectar las situaciones de riesgo infantil nos encontramos con un esfuerzo en el trabajo que se debe realizar, debido fundamentalmente a la complejidad de los criterios utilizados para definir estas situaciones, a la ausencia de indicadores precisos y de instrumentos de evaluación.

El maltrato infantil es un problema que suele producirse dentro del "ámbito privado" de la familia. Al tratarse de menores, es más difícil que denuncien ellos mismos estas situaciones, sobre todo por la implicación afectiva y la acomodación que se produce a las prácticas de la vida familiar. Podemos a veces detectar fuera de ese contexto las consecuencias, pero menos las propias actuaciones de maltrato.

A pesar de que existe una mayor sensibilidad social, existe la consideración de que los niños son propiedad privada de los padres. A esto se une el desconocimiento a la hora de notificarlo y a veces la desconfianza en el propio Sistema de Protección.

Finalmente, señalar que en las familias donde se produce el maltrato no existe una demanda explícita sobre esta situación. Las derivaciones suelen venir bien a través de otros familiares o de servicios en contacto con el menor. Esto determina que gran parte del trabajo terapéutico inicial se centre en conseguir que las familias se comprometan con el tratamiento.

 

¿Qué modelo terapéutico se aplica en los Servicios Sociales Comunitarios a familias que tienen menores a su cargo y que plantean situaciones de riesgo?

Nuestros Servicios Sociales Municipales tienen una larga tradición de trabajo familiar con menores en situación de riesgo y de trabajo comunitario. Esto ha permitido que las intervenciones con familias se hayan sustentado ampliamente en una visión ecológica y sistémica.

Desde hace unos años, el Equipo de Tratamiento Familiar viene trabajando a nivel terapéutico con un modelo sistémico constructivista y es pionero en la utilización de la técnica del Equipo Reflexivo desarrollada por Andersen. Este formato de trabajo ha permitido desarrollar lo que consideramos uno de los puntos fuertes de este equipo, el trabajo interdisciplinar.

Básicamente consiste en un sistema de entrevista en el que el Equipo de Tratamiento observa la sesión que conduce otro de los miembros del equipo con la familia en otra sala. Hasta aquí el formato es el que ha sido descrito más típicamente dentro del campo de la terapia familiar sistémica. Sin embargo, esta técnica introduce una variante importante: en un momento dado de la entrevista el equipo que observa pasa, bien porque lo solicita la propia familia o el terapeuta, o bien por iniciativa propia, a dialogar entre ellos ante la familia acerca de lo acontecido durante la sesión.



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