• Viaje a mi historia

    “Viaje a mi historia” es un programa que la Junta de Andalucía (1) pone en marcha para mejorar la calidad en la atención a la infancia del Sistema de Protección (2), apoyar el trabajo educativo de las familias de acogida y ofrecer a los profesionales herramientas y recursos para desarrollar el trabajo de reconstrucción de la historia de vida de niños y niñas (3). Es importante que a estos menores se les dé la oportunidad de tratar sus orígenes, se les explique de la manera mejor posible el porqué han llegado a esa situación y cuál va a ser su futuro. En definitiva, ayudarles a reconstruir la historia de sus vidas registrando hechos y acontecimientos significativos acerca de sí mismos, de sus familias de origen y del lugar y las personas con las que viven; hechos y recuerdos de sus orígenes y de cómo eran en el pasado; de cómo son en el presente, de cuáles son sus gustos, temores y aspiraciones, y de los cambios que se están produciendo en sus vidas y que les afectan de manera directa.

    El programa está destinado a menores de 0  a 12 años de la Comunidad Autónoma Andaluza que se encuentra en acogimiento, ya sea familiar o residencial. “Viaje a mi historia” afronta esta cuestión empleando una estrategia sistemática; un plan estructurado que se implementará progresivamente, en  el periodo de tres años, y supondrá unos tiempos diferenciados y marcados por la propia madurez de los niños y niñas.

     

    
    

    (1) “Un programa que es un nuevo modelo de intervención para dar respuesta a las necesidades psicosociales de la infancia; para restablecer una identidad positiva; promover la empatía; potenciar el juego; la expresión y la imaginación creativa y, sobre todo, para mejorar la autoestima. Que va a contribuir a disminuir los efectos negativos de la ruptura, el rechazo, el maltrato y el abuso, el sentimiento de culpa y la desprotección de niños y niñas que, a veces, llegan como consecuencia de esas circunstancia al Sistema de Protección. Un programa va a ayudar a su desarrollo integral, bienestar emocional y social,  a elaborar  una nueva lectura de su experiencia y a dar sentido y continuidad a su vida”.

     

    
    

    (2) ¿Qué ocurre entonces con los niños y niñas que están en el Sistema de Protección de Menores? Estos niños han tenido experiencias de adversidad, han pasado por separaciones, y es fácil que el sentido de pertenencia, este referente familiar, esté dañado o fragmentado. Fundamentalmente por dos razones, primero por la historia de adversidad que han vivido en sus cortas vidas muchos de ellos y de ellas. Historias de maltrato infantil, de separación, de dolor, de aislamiento, de rabia, de no poder explicar las cosas, de no poderlas vivir. Una historia de adversidad muy importante. Esto desorganiza emocionalmente a los niños y a las personas en general. Pero a los niños especialmente, les resta referente y no les permite establecer vínculos estables. Esta adversidad se convierte en un obstáculo muy importante.

     

    
    

    (3) “Trabajar la historia de vida significa, por lo tanto, dar a conocer y dar sentido a los hechos del acogimiento, la historia previa del menor, las historias y los motivos de la separación y el futuro de los niños. Significa construir y familiarizarse con un lenguaje adecuado sobre el acogimiento, sobre todo en el acogimiento familiar, significa crear un clima favorable de comunicación sobre el acogimiento para darle significado, para ponerlo en valor y poner los límites claros en que consiste el acogimiento familiar o residencial. Significa ayudar a los niños a enfrentar los duelos, el dolor por la pérdida y los estigmas del acogimiento. Significa sostener o tratar de sostener una imagen, una identidad positiva. Significa ayudar a elaborar distintas visitas y la relación que pueden tener con su familia de origen. Significa también apoyar sus planes de búsqueda y de relación con sus familias en el futuro”